LA PIEL DE UN RÍO / Adrián Portugal

 


Desde el río Amazonas la vida se contempla como un imperio de emoción y magnetismo, donde la mente es capaz de emprender las más complejas travesías, viajar a través del tiempo y la distancia y descender a un fresco notable de creatividad y paz. Desde el río Amazonas la vida se torna rojiza, luego azulada, más tarde celeste, finalmente luminosa. La Amazonía es el propio latir de los corazones, oprimidos tantas y tantas veces por dolores y frustraciones, pero que aún así, son capaces de maquinar con todas sus fuerzas la emoción y la nobleza.
Como en un suspiro constante, imponiéndose al azar y a la necesidad, domando la soledad y el acoso de la depredación, experimentando la ira de Dios sobre su lacerada existencia, el hombre contempla el nuevo Reino conquistado, la nueva medida de la gracia con la sabiduría de quien lo ha visto todo y es capaz de sentir que no ha visto aún nada.