LAS NIÑAS QUIEREN SER CANTANTES / Max Cabello

 


Originario de la sierra peruana y modificado al asentarse en Lima, el huayno es uno de los géneros musicales más populares del país. Llevado a la costa de la mano de las familias que migraron de manera masiva desde los Andes a la capital a partir de los sesentas, el huayno habla de la nostalgia al terruño, el amor y el despecho, y en algunos casos, de la nueva vida en los Conos, zonas de la periferia de Lima que ahora superan largamente en tamaño y población a los tradicionales distritos de la ciudad.

Son las mujeres migrantes y sus hijas las que ponen voz y rostro a este género musical, ataviadas de coloridas y costosas vestimentas llamadas polleras, una fusión del traje de trabajo campestre con el vestido de gala, que pueden llegar a costar hasta 300 dólares. Los fines de semana, miles de hombres y mujeres acuden a los conciertos que se organizan en los pueblos jóvenes que rodean la ciudad para escuchar este sonido mezcla de arpa, teclado y batería electrónica. El huayno no ha sido olvidado por los descendientes de los primeros migrantes, que aún lo prefieren por encima de otros tipos de música, y  que ven la pertenencia a una banda de este género como una forma de trabajo y una oportunidad de reconocimiento.

Es por ello que las bandas de huayno, compuestas generalmente por amplias familias y sus amigos cercanos, depositan su esperanza de progreso en las integrantes más jóvenes de la casa. Niñas y adolescentes juegan a ser figuras del huayno, alentadas por la imagen de intérpretes ya consagradas, a la vez que generan ingresos económicos para el hogar.